Mitraísmo y esoterismo (I): la historia del culto

mitraismo

Autor: Pietro V. Carracedo Ahumada

El dios Mitra es conocido principalmente por su vínculo como religión romana y por sus similitudes con el cristianismo, que han provocado verdaderas batallas de tinta acerca de qué símbolos estaban influenciados por quién, de dónde provenían ideas de salvación y sacrificio comunes a las religiones mistéricas, qué función pudo tener el mitraísmo en la aceptación del cristianismo en el mundo romano, la pervivencia de sus secretos escondidos
como una forma de alquimia y paganismo subyacentes en la posteridad, y un muy largo etcétera.

Por ello puede decirse que el mitraísmo está cargado de esoterismo, en cuanto a que guardaba un conocimiento espiritual oculto, pero también porque los restos arqueológicos nos han proporcionado claras señales e imágenes de estos secretos.

El origen de Mitra

La divinidad Mitra tiene su origen en Asia Menor, concretamente en el mundo indoiranio, procedente, según parece, de las divinidades adoradas en el zoroastrismo (Ahura Mazda) y en la religión védica india (asociado a Varuna).

Tenemos pocos registros escritos acerca del mitraísmo romano, y muchos estudiosos han querido rebuscar más allá, en los textos orientales donde se le menciona: en el Rig Veda, es una divinidad protectora del orden cósmico; en el Avesta (Yasht. 10), una divinidad protectora en las batallas, etc.

En el mundo indoiranio, Mitra era igualmente un dios de la amistad y del pacto o contrato. De aquí se ha pretendido extraer que la iniciación con este
dios fuese mistérica precisamente por tratarse de un contrato con la divinidad: darle culto acambio de la inmortalidad.

Aunque en la india Mitra parece un dios guerrero menor, el Mitra más popular aparece como una divinidad persa del Sol, uniendo las características de estas dos divinidades y cultos, como un dios creador, potente, salvífico, protector; y desarrollándose posteriormente en el mundo romano, de los siglos I al IV, siendo objeto de estudio que el Mitra romano es ya una divinidad completamente diferente.

Ello no quita que realmente sea un culto importado del oriente, si bien, conserva poco o nada del culto original de los persas, en palabras de
Cumont (1903), quien consideró que lo que fuera que llegó a los romanos ya era una reinterpretación de los magi persas y de la visión de la magia del período helenístico.

De hecho, en el mundo oriental no existe como tal un culto a Mitra en solitario, sino en el conjunto de dioses (devas) e incluso en un escalafón menor (asuras). Por lo tanto, el culto a Mitra, modernamente llamado mitraísmo, es exclusivo del mundo romano.

El mitraísmo romano

Sin embargo, es precisamente de esta divinidad romanizada de la cual se puede extraer más información esotérica, en tanto que fue una religión mistérica, es decir, no revelaba sus preceptos ni sus rituales, ni sus simbolismos, que quedaban exclusivamente al alcance de los iniciados.

Sabemos del mitraísmo romano que tenía entre sus adeptos a un gran
número de legionarios (por no decir mayoría), junto con miembros “marginales” de la sociedad romana, como los libertos, extranjeros, campesinos, esclavos… sin embargo, las mujeres no tenían cabida en este culto, si bien se ha planteado la posibilidad de que familiares y amigas de los seguidores de Mitra llevaran a cabo ciertos ritos femeninos en
festividades o celebraciones clave, pero con la figura de la Magna Mater o Cibeles.

Sin embargo es difícil establecer hasta qué punto se trataría de ritos paralelos o cultos coincidentes por casualidad religiosa-mitológica. Los investigadores consideran que la lealtad debida al emperador era vehículo impecable
para que una divinidad cuyo culto se caracterizara por la lealtad y fraternidad entre sus miembros, los cuales convivían durante largos periodos de tiempo y pasaban distintas penurias, se hiciera hueco con promesas de inmortalidad y abandono de lo material.

Por otra parte, a juzgar por el tamaño de los mitreos, parece constatable que en ellos se debía reunir un número bastante limitado de personas, lo que da pie a pensar igualmente en un culto unificado por la imagen de Mitra, pero diversificado en lo que al desarrollo del mismo se refiere.

Guiándose por las pinturas de los mitreos y el mito de la amistad de Mitra con Helios, muchos consideran que existiría un “saludo secreto”, de manera semejante a los masones, consistente en darse la mano -debe entenderse que esto en la Antigua Roma no era para nada común; este gesto sería un indicativo en primer lugar de no esconder armas, y en segundo, de carácter religioso e identificador.

Cómo los antiguos alcalaínos adoraban al dios Marte

Legiones romanas Complutum

Estos últimos días hemos oído hablar mucho de Marte en nuestro entorno gracias a las espectaculares imágenes que el rover Perseverance de la NASA nos está mandando de nuestro planeta vecino, pero hace dos mil años el nombre de Marte también estaba muy en boga entre los ciudadanos del territorio que hoy forma la Comunidad de Madrid.

Hablamos por supuesto del dios romano de la guerra Marte, conocido con frecuencia por el sanguinario y desmedido carácter con el que aparece reflejado en la mitología, así como por sus ocasionales aventuras extramatrimoniales con Venus.

Menos conocido es el importante papel que durante muchos siglos tuvo este dios en las tierras que hoy corresponden al municipio de Alcalá de Henares, así como en otros muchos lugares de la Península Ibérica, donde se ha constatado que estaba muy presente en las oraciones y las suplicas de sus gentes.

¿Pero por qué razón los alcalaínos de antaño rendían suplicas a un feroz dios de la guerra?, ¿eran militares acaso? ¿Clamaban venganza contra sus vecinos? Para poder responder a esta cuestión primero debemos preguntarnos ¿qué era realmente Marte para los alcalaínos?, pues un mismo dios romano podía tener facetas muy diferentes.

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