El juego de las tabas en la Antigua Roma

El juego de las tabas ya se practicaba en la antigua Grecia simplemente como juego de azar pues se jugaba con cuatro pequeños huesos. Los romanos heredaron la costumbre griega de jugar con tabas, sin embargo, las tabas en la antigua Roma no tuvieron tanta preponderancia como en la cultura griega, porque fueron prácticamente sustituidas por los dados (tesserae) hacia finales de la república. A partir de entonces se les consideraba juegos más aptos para las mujeres y niños mientras que los dados implementaban apuestas suplementarias sobre el resultado del ganador.

Niña jugando a las tabas. Museo de Berlín.
Niña jugando a las tabas. Museo de Berlín

Los romanos utilizaron imitaciones de tabas de muchos materiales diferentes: marfil, bronce, ébano, vidrio, ágata e incluso ámbar. Sin embargo, el material original de las tabas en la antigua Roma era, evidentemente, el hueso, la taba o astrágalo, un huesecillo que forma parte del tarso de la pata anterior de los mamíferos de pezuña partida (unas 235 especies entre las que se incluyen los camellos, llamas, cerdos, hipopótamos, cetáceos, bóvidos, antílopes, ciervos, jirafas, cabras, ovejas…). Se encuentra fácilmente al abrir la cubierta que protege la articulación, dado que es el único huesecillo completo situado en dicha articulación, siendo los huesos restantes los extremos de los dos huesos largos de la pata.

En la Antigüedad, a veces las tabas eran pintadas o decoradas para realzar su aspecto, pero es algo que no es estrictamente necesario. En general, podemos afirmar que las tabas en la antigua Roma se utilizaban de forma similar a los dados (tal y como se usan aún hoy en algunas partes del mundo).

Originalmente la puntuación se leía en la cara inferior, la que está en contacto con la superficie del juego, y cada cara tiene un valor asignado y un nombre. Estas cuatro caras de la taba resultaban bastante diferentes y relativamente fáciles de distinguir unas de las demás, lo cual permite asignar nombres a cada una de ellas. Inicialmente las formas y nombres eran suficientes para jugar, pero con el tiempo se asignó un valor numérico a cada cara, que a veces incluso era grabada en la misma taba. Una vez se usaron números, se estipuló un escalafón de resultados para dilucidar al ganador, con lo que ya se tenían todos los elementos necesarios para jugar a las tabas de una forma similar al póquer.

El tablón de resultados tiene su interés y su cultura asociada, ya que el valor de una tirada (βόλος, iactus) no era en todos los casos la suma de los números de las caras que se veían y había jugadas que gozaban de nombre propio. La mejor tirada, conocida como Venus o iactus Venereus, consistía en sacar en los cuatro dados un resultado distinto a los demás: es decir, sacar un 1, 3, 4 y 6. Las tiradas más bajas, conocidas como Buitres (Vultur) era sacar todos los dados iguales. La peor de las cuales era sacar todos unos y esta jugada se denominaba Perros (Canis). Otra jugada nombrada era el Senio, que consistía en sacar un 6 y cualquier otro resultado en los otros tres dados. La escala era distinta de la del póquer actual, ya que a veces se consideraba más valioso una doble pareja que un trío. Otras tiradas tenían nombres particulares, tomados de dioses, héroes o personajes ilustres, a los que se invocaba antes de lanzar las tabas.

Cabe especular que la razón del nombre de ciertas jugadas: se usaba el apelativo buitre (vultur, vulturis) para insultar al hombre codicioso (vulturius, vulturii), con lo que es natural dar ese nombre a aquellas jugadas que, aun siendo puntuaciones intrínsecamente altas, por convenio se tornan en perdedoras. Al fin y al cabo, el dicho afirma que “la avaricia rompe el saco”. Respecto al canis, la peor tirada posible, se decía que “ladraba” como un perro aquel que lanzaba palabras mordaces (verba canina) contra otro. Podemos llegar a la conclusión, por tanto, de que ni buitres ni perros son bienvenidos al juego.

El poeta Stesicoro afirmó con respecto a este juego, que el “ocho es de mal fario”, en referencia al mal agüero que supone ver jugando a las tabas a ocho personas: la razón que da es porque en su ciudad, Himer, para cavar una tumba se requería ocho braceros trabajando simultáneamente.

Las jugadas ganadoras, de puntuaciones más altas, recibían en lengua griega el nombre de “tirada de eurípides”; que no tiene nada que ver con el famoso dramaturgo griego, sino que proviene del término (εύρίπτω) que significa “lance afortunado”.

BIBLIOGRAFÍA

RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, J.; FERNÁNDEZ ANTÓN, C.: Juegos y Pasatiempos de la Antigüedad: Glyphos Publicaciones, 2013.

2 respuestas a «El juego de las tabas en la Antigua Roma»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.