Consultorio sobre el Amor

Siendo como es un día que celebra el amor hemos querido traeros algo distinto de lo que podemos ver generalmente. Hoy no vamos a ver el origen de San Valentín ni el origen pagano de esta festividad cristiana, todo eso lo podéis leer en otros sitios.

 

Hoy hemos contactado con el “Doctor Amor” más famoso de la antigüedad que os enseñará como conquistar un corazón rebelde que se os resiste más que Numancia: El gran poeta Ovidio.

Presentación

 

Si hay alguien en nuestro pueblo para quien el arte de amar sea desconocido que lea este artículo, e instruido por su lectura, que ame.

 

Es éste el arte con que la vela y el remo son manejados y que permite a los navíos bogar ligeros, el arte que da velocidad a los carros: el arte debe gobernar al Amor.

 

Autómedon sobresalía en el manejar un carro con las riendas sueltas; Tifis era el piloto de la popa del Argos. A mí, Venus me ha dado como maestro al joven Amor; a mí se me dirá el Tifis y el Autómendon del Amor.

El amor está en el aire

 

Habiendo dejado claro mi vetusto currículo estoy ante vosotros para guiaron por estas aguas que si bien son oscuras, también son cálidas.

Cupido y Psique - Pompeya

Muchos de vosotros y vosotras tendréis en mente esa persona que como Venus enciende vuestro corazón y otros tantos seguro que no habéis encontrado aún ese íncubo amoroso por el que beber vientos y calmar tormentas.

 

No os inquietéis pues el amor está en el aire… batiendo alas y apuntándoos con su arco.

 

No temáis, pues el amor llega a todos los rincones de Hispania: llega a Augusta Emérita casa de Diana que, aunque virgen y enemiga de los dardos de Cupido, ha causado y causará a su devotos muchas heridas.

 

Llegará de igual forma a Lucvs Augusti que aun teniendo murallas tan resistentes, que bien pudieron ser construidas por Hércules, no logrará frenar el Amor.

 

Llegará a Complvtvm, ciudad de ninfas, generosas en amor.

 

Llegará a Tarraco, caput urbis de Hispania, confluencia de culturas y con ello de amores.

 

Llegará a Malaca y Cartago Nova, nacidas de los hijos de Dido y rendidas al Amor como ella.

 

Llegará también a Gades, fábrica de nuestro amado garo, similar al Amor pues ambos cuentan con un punto amargo.

 

Hay que empezar a vestirse por los pies

 

No hay lugar que nos proteja de las armas de Cupido, por ello conviene adecuar nuestra presencia para afrontar la herida del amor en cualquier lugar. Si no sabéis como empezar, descuidad pues os daré una serie de consejos para tener mejor apariencia que el propio Narciso.

 

A vosotros, hijos de Marte, os recomiendo que no os acostumbréis a rizaros con tenacillas los cabellos ni a puliros las piernas con la áspera pómez; dejad eso a los sacerdotes que cantan aullando a la madre Cibeles.

 

Teseo no enamoró a la hija de Minos coloreándose o rociándose de perfumes. Debéis agradar por la simple elegancia. Que la tez esté curtida por los ejercicios en el Campo de Marte.

 

Llevad bien hecha y limpia de manchas la toga; no tengas sucia la lengua, ni lo dientes llenos de sarro, ni naden tus pies en el calzado ancho, ni lleves la cabeza y la barba deformemente trasquilada.

 

No tengas descuidadas las uñas. Evita que huela mal tu aliento, y que el olor de macho cabrío no atufe a los demás.

 

A vosotras, hijas de Venus, la simple elegancia es vuestra mejor arma. Que vuestro tocado no esté en desorden y hay que saber elegir el peinado apropiado para cada una.

 

Un rostro alargado exige cabellos separados sobre la frente y sin ningún adorno. Con la cara redonda requieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente, mostrando las orejas. Tal joven los dejará flotando sobre los hombros. Otra los llevará anudados por detrás cual Diana persiguiendo a su presa. Convienen a unas los cabellos ahuecados y libres y a otras apretados y en rizos.

 

El fuerte aroma de vuestras axilas debe ser evitado y vuestras piernas no deben estar erizadas de rudo vello.

 

Sabéis vosotras daros blancura con barniz de cera y arrebolar con afeites lo que la naturaleza no arrebola. Sabéis llenar artificialmente el intervalo que separa las cejas y emplastáis con finas membranas las descarnadas mejillas. No sentís rubor de marcar los ojos con sutil ceniza, o con el azafrán que dan las riberas del Límpido Cidno.

 

Engalanaos con los colores de la naturaleza. Tanto como la tierra tiene renovada producción de flores, cuando la templanza de la primavera hace brotar los vástagos de la viña y desplaza al invierno, tantos matices, o más quizás, deberán impregnar vuestra lana.

 

Elegid con cuidado pues no todos los colores sientan bien a todas las mujeres. El negro favorecerá a las de tez deslumbrante cual Briseida, mientras que el blanco favorece a las morenas.

Buscando el objetivo de tu amor

 

Habiéndonos preparado para sonreír a Cupido tendremos que salir en busca de nuestro amor. ¿Dónde? Os preguntaréis, pues los foros mismos convienen al Amor, y, por ruinosos que ellos sean, a menudo ha nacido allí una llama. En los teatros y sus gradas en semicírculo donde andaréis a la caza: esos lugares os ofrecerán más de lo que podéis desear.

Antonio y Cleopatra - Batalla de Actium

¿Que parece más fácil de lo que es? Bien, os pondré un ejemplo práctico. En el circo donde hay carreras en las que rivalizan nobles caballos, allí, con su numerosa concurrencia os ofrecerá múltiples ocasiones. Siéntate al lado de la o el que te plazca, muy cerca, que nadie te lo impide. Aproxima tu cuerpo lo más posible al suyo; felizmente la dimensión de los asientos fuerza a las gentes a estrecharse.

 

Procura entonces trabar una conversación que servirá de lazo de unión y que tus primeras palabras sean banalidades. “¿De quién son los caballos que vienen allí?”, preguntarás con interés, e inmediatamente, su caballo favorito, cualquiera que sea, deberá ser el tuyo.

 

Si, como suele suceder en estos lugares, cayese algo de polvo en el pecho de tu elegida o elegido, que tus dedos se lo quiten; si no hay polvo quita igualmente el que no hay: todo debe servir de pretexto para tus cuidados oficiosos. Cuida, además que los que estén detrás sentados no opriman demasiado fuerte con sus rodillas su espalda.

 

Todas estas facilidades para un naciente amor las encontrarás en el circo, en el foro, entre el público impaciente, o en el teatro. En tu mano está alcanzar el dulce fruto.

Cultiva el amor

 

Tras haber alcanzado un primer contacto es hora de hacer crecer ese amor. Procura que la cera extendida en tablillas muy pulidas sondee su ánimo, que la cera sea la primera confidente de tus intenciones; que le lleve lisonjas, palabras que respiren amor; cualquiera que sea tu clase, añade  calurosas súplicas.

 

Estudiad las artes liberales, jóvenes romanos, os lo recomiendo, ya que con él vuestro objetivo se rendirá ante vuestra elocuencia. Disimulad, sin embargo, el arte, y no os vanagloriéis de elocuentes; desterrad de las cartas las palabras afectadas.

 

Si él o ella os devuelve la misiva sin leerla, no desesperéis de que la leerá y persistid en vuestro propósito. Insiste, pues, y a la misma Penélope vencerás. Tarde fue tomada Troya, pero fue tomada.

 

Por el contrario, si lo lee y no quiere responder, no le o la apremiéis. Prosigue escribiéndole tus ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará también de responder a su lectura; estas cosas vendrán por su orden gradual.

 

Entretanto si la encuentras o le encuentras paseando en litera, acércate con disimulo, y para que alguno, curioso, no aplique el oído a vuestra charla, ocúltala, para lo que te valdrás de la astucia de entenderos por palabras ambiguas.

 

Si pasease a pie por el pórtico, pasea tú también, y permanece allí tanto como él o ella, sin avergonzarte de ir al lado suyo. De esta forma el éxito garantizarás.

 

Friendzone

 

Finalizo atenuando un agreste campo como es la amistad para el amor.

 

Si a pesar de todos los consejos no conseguís su corazón y que a vuestros ruegos oponen una dureza orgullosa, deja lo comenzado, y vuelve atrás: muchos se apasionan por quien los esquiva, y no aman a quien les solicita.

 

Sé menos insistente, y ya no serás rechazado. No siempre el más enamorado y vehemente logra goces de Venus; a veces, entra el amor con capa de amistad. Por este medio he visto apasionarse a personas intratables, y al que había sido amigo, convertirse en amante.

 

Bibliografía

Para el presente artículo nos hemos basado por entero en el Ars Amatoris de Ovidio.

– Ovidio and Jular Garrote, A., 2007. El arte de amar. Madrid: Mestas.

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